Si nadie nos viene a buscar: Inventemos el futuro antes de desaparecer ...

Cuando escucho a mis viejos o a los profes hablar de “el mundo”, siento que hablan de una película que a nosotros nunca nos dejaron ver completa. Me cuentan de laburos que duraban 30 años, de sindicatos que funcionaban, de un Estado que “estaba ahí” y de una estabilidad que hoy suena a ciencia ficción.



Miremos a nuestro alrededor: el 2026 no viene con más justicia ni más orden. Viene más roto, más desigual y mucho más solo. Las instituciones que antes ordenaban todo están perdiendo el GPS. Y el “empleo formal”, ese que te prometía una vida si le dabas tu tiempo, ya no es una promesa: es un mito para pocos.

No es una mala racha. Es un cambio de era.

El laburo ya no te ordena la vida

Hay una verdad que nos cuesta decir porque da miedo: esperar a que un laburo clásico te salve la vida es apostar al vacío.

  • Menos contratos en blanco.
  • Más aplicaciones y changas infinitas.
  • Más máquinas haciendo lo que antes hacíamos nosotros.
  • Un Estado que cada vez llega más tarde (o directamente no llega).

En este escenario, si no construimos nuestra propia economía en el territorio, lo que sigue es la expulsión. Así de corta. No es ideología. Es matemática social.

No somos apáticos, estamos desanclados

Me causa gracia cuando los adultos dicen que somos apáticos o que “no nos interesa nada”. No es apatía, es que estamos desanclados. No estamos sentados esperando que bajen soluciones desde una oficina en el centro; lo que pasa es que no encontramos dónde apoyar lo que sabemos hacer y lo que deseamos para nuestra vida.

Lo que está pasando no es una protesta en la calle, es algo más profundo: es una generación que dejó de esperar que la integren y empezó a ver cómo hace para no desaparecer.

El Prosumidor: ser la pieza que activa el ecosistema

Acá es donde la cosa se pone interesante. Empezamos a darnos cuenta de que la salida no es “conseguir un puesto”, sino convertirnos en prosumidores.

En la naturaleza existe algo que se llama “especie clave”: es esa que, si desaparece, el ecosistema colapsa. Pero si vuelve, la vida se reorganiza. Nosotros somos esa especie. Entendimos algo que el modelo viejo se olvidó:

  • Que la economía es mucho más que guita.
  • Que una casa es más que un techo (es refugio y producción).
  • Que el trabajo no es solo un empleo, es generar valor con otros.
  • Que no estamos separados de la tierra que pisamos.

Cuando nos ponemos a recuperar una huerta, cuando armamos un nodo de intercambio o cuando decidimos vivir en comunidad en zonas rururbanas, no estamos “volviendo al pasado”. Estamos hackeando el futuro. Estamos eligiendo una dirección que regenere la vida en lugar de agotarla.

No somos el problema del sistema. Somos la pieza que ya empezó a funcionar sin él.

Sin pedir permiso

La historia nos enseña una sola cosa: cada vez que el sistema se quedó sin respuestas, la juventud hizo lo mismo: inventó lo que faltaba con lo que había.

No pedimos autorización. No esperamos que se pongan de acuerdo arriba. No aguardamos las condiciones ideales porque, si esperamos, se nos pasa la vida.

Construimos sentido acá, en el territorio, con el de al lado y en tiempo real. Frente a un mundo que se retira, nuestra capacidad de autoorganizarnos no es una pose romántica: es nuestra estrategia de supervivencia.

Esto es Obvio. Si el sistema se retira, nosotros avanzamos.

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